Durante meses se ha trabajado con un objetivo claro: temario, exámenes, simulacros, notas. Ahora, sin embargo, ya no se trata tanto de aprender más como de ordenar lo aprendido, confiar en el proceso y llegar en las mejores condiciones posibles. Porque, en este punto, casi todo está hecho. Y quizá eso es lo más importante que conviene recordar: no te lo juegas todo en unos días, sino que te apoyas en años de aprendizaje, en todo lo que has ido construyendo poco a poco.
Llegar desde la calma
La PAU es importante, sí, pero no lo define todo. No define todo lo que sabes ni todo lo que puedes llegar a hacer. Por eso, estos últimos días no van de exigirse más sin medida, sino de repasar con criterio, de descansar lo suficiente y de bajar un poco el ruido. También puede ayudar algo tan sencillo como crear pequeños rituales que aporten calma y foco: empezar el día de una manera reconocible, hacer un último repaso breve y tranquilo, escuchar una canción que te sitúe o dedicar unos segundos a respirar antes de comenzar. No cambian el examen, pero sí cambian la forma de llegar a él, y en este momento eso importa.
Acompañar sin añadir más presión
Y no solo para quien se examina. También para quienes acompañan de cerca este proceso, ya sea desde la familia o desde el aula, este es un momento en el que, más que añadir exigencia, conviene aliviarla. A veces, lo más valioso es ayudar a poner las expectativas en su sitio, recordar que el esfuerzo ya está hecho y ofrecer confianza en lugar de más presión. Un mensaje sencillo, dicho a tiempo, puede marcar la diferencia: “Confío en ti. Pase lo que pase, encontraremos el camino”.
Después de la PAU llegarán las decisiones, los nuevos caminos y las siguientes etapas. Pero ahora solo hay un paso, uno, y se da mejor desde la calma que desde la presión. Dentro de poco, todo esto quedará atrás y, cuando ocurra, no solo habrá una nota: habrá una etapa cerrada… y otra, a punto de empezar.
Por:
Departamento Pedagógico de Activa



