Activatech vivo: una actividad que evoluciona con la IA

Hasta hace muy poco, muchas propuestas formativas eran, casi por necesidad, bastante estáticas. Otras, como Activatech, realmente no lo eran, pero siempre queríamos más. Muchas de las propuestas que imaginábamos dependían de plataformas externas, requerían mucho tiempo de desarrollo o resultaban demasiado caras. La respuesta clásica ante todo eso solía ser resignarse: actualizar los materiales hasta donde se pudiera, invertir muchas horas y asumir que había bloqueos difíciles de salvar.

La irrupción de la inteligencia artificial ha cambiado esa ecuación. Y no hablamos de una mejora pequeña, sino de un cambio de escala.

Lo que antes podía requerir semanas de trabajo de un equipo —diseño, redacción, maquetación y programación de actividades interactivas— hoy puede empezar a desarrollarlo una persona con criterio pedagógico, apoyada en IA, en una fracción del tiempo. El cuello de botella ha dejado de estar solo en la producción. Ahora vuelve a cobrar todavía más importancia lo esencial: saber qué enseñar, en qué orden, con qué enfoque y con qué intención.

Y eso no es poco. Es, precisamente, lo que más cuenta.

Al contrario de lo que mucha gente piensa, la IA bien utilizada no debería llevarnos a sustituir lo humano, sino a darle más valor. Cuando las herramientas hacen más accesible la producción de recursos, lo verdaderamente diferencial vuelve a ser el criterio: la mirada pedagógica, la experiencia en el aula y la capacidad de adaptar cada propuesta a lo que el grupo necesita.

Una decisión estratégica

La IA permite hacer mucho, pero no todo el mundo está preparado todavía para aprovecharla con sentido. Y esto no es solo una sensación. A lo largo de este curso lo he comprobado en los más de diez colegios donde he formado a profesorado en inteligencia artificial. Las posibilidades están ahí, pero bajarlas a tierra no siempre es fácil.

En Activatech ya estamos aprovechando la IA con criterio. No para cambiar lo que queremos conseguir con el alumnado, sino para llegar mejor a ese objetivo. Seguimos trabajando pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas y autonomía, pero ahora podemos crear recursos más variados, más adaptados y más conectados con cada grupo. Esa es la gran diferencia: la IA no cambia el rumbo de la actividad, nos permite avanzar mucho más lejos de lo que podíamos hace solo un año.

Algunos ejemplos concretos de lo que ya está pasando:

  • Con las edades más tempranas hemos empezado a preparar puzzles interactivos con varios niveles para trabajar secuencias y ordenación. Lo importante no es solo que sean interactivos, sino que ya no dependemos tanto de plataformas externas ni estamos obligados a adaptarnos a la lógica de aplicaciones de terceros.

  • Si en una sesión anterior hemos trabajado un cuento, podemos generar un puzzle de ordenación basado precisamente en ese cuento, conectando lo que el niño o la niña ya conoce con el nuevo reto. Por ejemplo, ordenar escenas de una historia trabajada en clase, reconstruir una secuencia lógica o resolver un reto por niveles. Antes esto era mucho más difícil: o se ajustaba el cuento a la herramienta, o se renunciaba a esa conexión.

  • En otros niveles estamos generando material de apoyo mucho más concreto y actualizado, adaptado a las ideas que en el día a día van surgiendo, en lugar de recurrir siempre a fichas genéricas que sirven para todos y para ninguno.

  • También estamos empezando a crear pequeñas plataformas de experimentación que ayudan a explicar conceptos como la codificación de una forma más visual e intuitiva, diseñadas a medida para apoyar contenidos concretos.

Todo esto suma valor a la actividad sin que perdamos el foco.

La tecnología como medio, no como fin

Conviene subrayarlo, porque aquí está la diferencia entre un buen programa educativo y uno que simplemente se deja arrastrar por la novedad.

Que algunos recursos se diseñen con apoyo de IA no cambia lo que queremos que aprenda nuestro alumnado. Siguen trabajando el pensamiento lógico, la creatividad, la capacidad de resolver retos y la autonomía. Lo que cambia es que ahora podemos crear recursos más variados, más adaptados a cada grupo y mejor conectados entre sí.

La IA no sustituye al docente en el aula. Lo que hace es ayudarnos a reducir parte del trabajo más mecánico de producción de materiales y abrir posibilidades que antes eran difíciles de imaginar. Eso nos permite dedicar más energía a lo que realmente aporta valor: diseñar la propuesta, observar al alumno/a, ajustar el reto y acompañar el proceso.

Coherencia entre lo que enseñamos y cómo lo construimos

Hay un punto que me parece especialmente importante. Un programa formativo en tecnología que en 2026 no estudie cómo incorporar la IA con criterio en su propia producción está renunciando a herramientas que ya permiten ofrecer experiencias mucho más ricas.

Esto no significa usar IA por moda, por inercia o porque “toca”. Significa analizar dónde aporta valor real y aplicarla con sentido. Y la gente se sorprendería de hasta dónde puede llegar ese valor cuando se utiliza con criterio pedagógico.

No quiero engañar a nadie: esto no es magia. Pero las herramientas actuales abren posibilidades que hace muy poco parecían casi de fantasía. En mi caso, la IA no me está ahorrando simplemente tiempo; me está permitiendo hacer cosas que antes eran impensables. De hecho, la realidad es que ahora dedico el mismo o incluso más tiempo a producir materiales.

Y quienes tenemos vocación por enseñar no podemos mirar hacia otro lado ante una oportunidad así.

Lo que viene

El próximo curso vamos a seguir avanzando en esta línea: más recursos propios, más adaptación a cada grupo, materiales más actualizados y propuestas mejor conectadas entre sí.

Queremos que Activatech sea cada vez más un sistema vivo: una actividad que cambia, mejora y aprende curso a curso.

Hay una última reflexión que dejo apuntada, aunque daría para otro artículo entero. En un mundo donde la IA puede generar mucho contenido y muchas respuestas, va a ser más importante que nunca desarrollar el pensamiento crítico, la capacidad de resolver problemas y el criterio para distinguir lo que sirve de lo que no.

Paradójicamente, cuanto más capaces se vuelven las herramientas artificiales, más necesario resulta cultivar una inteligencia humana con criterio.

Y ahí, precisamente, es donde queremos estar.

Por:
Alfonso Sanz López
Asesor Activatech, Director Kairis

Comparteix en:

Vols rebre el nostre butlletí de notícies?

Resum de privadesa

Aquest web utilitza cookies perquè puguem oferir-vos la millor experiència d'usuari possible. La informació de les cookies s'emmagatzema al teu navegador i realitza funcions tals com reconèixer-te quan tornes a la nostra web o ajudar el nostre equip a comprendre quines seccions de la web trobes més interessants i útils.